Este fin de semana he podido asistir a una instalación de Soledad Sevilla en el Palacio de Cristal del Parque del Retiro. Un estructura, vestida de gala y pensada para ser vista desde su interior, que entra en conflicto cuando se enfrenta a la estructura del Palacio, generando cierta incomodidad espacial entre ambas superficies, desvelando las traseras de un lienzo que no entiende de crisis, y dirigiendote a una supuesta sala interior que no son más que los aseos prexistentes. Es la emoción buscada requisito indispensable de la buena arquitectura? o un efecto fenomenológico más propio de las artes?...

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